Tribunal Constitucional
COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
Respuesta al IDL
En
el transcurso de estos días el IDL viene propalando subrepticiamente, como es
su costumbre, un panfleto en el que ataca al Presidente del Tribunal
Constitucional, Carlos Mesía, sólo porque éste ha
puesto al descubierto que sus integrantes se hacen nombrar profesores de la
Academia de la Magistratura donde tienen como alumnos a los jueces ante quienes
llevan procesos que ellos llaman de “interés público”.
Se
trata pues de un evidente conflicto de intereses que los “honestos” miembros
del IDL no quieren reconocer, como si pudiese taparse el sol con un dedo.
Por
eso es que se hace necesario poner al descubierto la pobreza argumentativa de
estos supuestos entendidos en Derecho Constitucional, quienes pretenden ocultar
su medianía intelectual afirmando que ellos son profesores de la Pontificia
Universidad Católica del Perú y autoproclamándose hombres de “impecable
trayectoria docente”. Como si esto fuese suficiente para convertirse en un
académico de respeto. Los señores del IDL creen que lo que la naturaleza no les
ha dado en inteligencia, la Universidad Católica se los presta.
Pero
ya es hora de decir las cosas como son: ¿algún miembro del IDL tiene obra
escrita que pueda mostrar como decisiva o influyente en el derrotero del
Derecho Constitucional en el Perú? Por
cierto que no.
¿Tienen
suficiencia profesional para capacitar a jueces, fiscales, vocales superiores y
supremos a lo largo de todo el país? Es obvio que no.
Se
trata de simples papagayos del discurso más elemental de los Derechos Humanos
que quieren ungirse en capacitadores de jueces y fiscales. Ellos deciden a
quién se asciende o quien ingresa a la judicatura. A quién se aprueba o se
ratifica. Y luego, al día siguiente, muy orondos, se presentan en el despacho
del juez favorecido a defender lo que ellos mismos han llamado “causas de
interés público”.
Sostienen
que el Presidente del TC no trata “con
respeto a los abogados y a las partes [y que] no observa conducta personal
ejemplar”. El IDL no quiere que Carlos Mesía
denuncie lo que considera una grave falta ética. Para ellos el Presidente de un
tribunal de Justicia del Perú debe quedarse “calladito” frente a hechos que no
ayudan a mejorar el sistema judicial sino que alientan el amiguismo, el
aconchabamiento y la corrupción.
¿a
caso denunciar hechos objetivos – que los señores del IDL enseñan en la
Academia de la Magistratura y a la vez patrocinan causas de interés público –
significa no respetar a las partes ni mantener una conducta ejemplar? La
intolerancia del Instituto de Defensa Legal es evidente. Su poca capacidad para
tolerar el intercambio de ideas sin insultos ni diatribas los descalifica para
liderar cualquier reforma de la justicia.
Según
ellos, cuando el Presidente del Tribunal Constitucional fue abogado del
Congreso nadie lo descalificó para el ejercicio de la docencia. En efecto, no
era posible descalificarlo porque el Presidente del Tribunal Constitucional
no ha litigado nunca teniendo al frente a un juez del Poder Judicial que haya
sido su alumno en la Academia de la Magistratura. Más aún, el Presidente del
Tribunal Constitucional no ha defendido ni una sola causa ante el Poder
Judicial mientras fue profesor de la Academia de la Magistratura. No lo
hizo por razones que son obvias para todos, menos para los miembros del IDL.
Sostienen
que el Presidente del TC estaría atentando contra la libertad de enseñanza y la
libertad de cátedra que paradójicamente “fue defendida por Haya de la Torre, a
quien el magistrado Mesía seguramente admira”. No hay
nada de paradójico en lo que afirman. El Presidente del Tribunal Constitucional
admira a Haya de la Torre, lo reafirma con orgullo y defiende como él la
libertad de cátedra y la libertad de enseñanza. Pero también denuncia los
conflictos de intereses que perjudican la administración de justicia.
Las
críticas son bienvenidas siempre y cuando se hagan con decencia, con respeto y,
sobre todo, con inteligencia. No profiriendo en los medios de comunicación
adjetivos descalificadores que sólo demuestran la pigmea estatura moral de
quien la expresa. Porque la democracia y los derechos humanos implican
fundamentalmente el respeto de las instituciones y de quienes las integran.
En
ese orden de ideas el Presidente del Tribunal Constitucional reafirma su
voluntad de seguir respondiendo con tono enérgico los infundios y los insultos
de todo aquél que con menosprecio de las formas, pretenda descalificar al TC y
a sus miembros.
Lima,
20 de octubre de 2010